VEINTE DE MARZO
Un día como hoy nací.
Era 1991, un 20 de marzo, cuando vi la luz por primera vez, aunque ya llevaba nueve meses en el vientre de mi madre. Bendita ella por protegerme hasta entonces.
El tiempo ha pasado rápido, y hoy cumplo 35 años.
Me miro al espejo y veo que mi rostro terso de los 20 años está cambiando, pero mi sonrisa me encanta; mis pómulos son cómplices de esa expresión que tanto amo.
Quiero recibir con cariño a los años que vienen. Prometí vivir sintiéndome profundamente privilegiada y agradecida por lo mucho o lo poco que me quedé por vivir.
Deseo tratar este cuerpo con amor; sin él, nada fuera posible. Mi mente imagina y mis manos obedecen con devoción estas letras dedicadas a mí.
La paz es un ejercicio diario, sostenido por la resiliencia, el perdón y el amor propio.
Hoy puedo decir que he llegado a depender de mí misma y a conocerme de verdad. Soy muy emocional; no sé si siempre lo fui o si es consecuencia de lo vivido.
A veces el fantasma del pasado vuelve. Llega sin avisar, en casa o en la calle. Ya no busco conflicto; le dejo hablar y, cuando termina, mi yo habla más fuerte y lo silencia. Eso es lo mejor que puedo hacer: escuchar lo que viene a decir y luego seguir adelante.
Hoy, en mi cumpleaños, también llegó. Le permití hablar y, al poco rato, se calló. Mi yo no me deja caer; sus palabras son suaves, limpias y llenas de afecto. Siempre digo que mi bienestar va primero.
Todo lo vivido me trajo hasta aquí, y desde este presente no me veo odiando a mi yo del pasado. En ese momento hice lo que creí correcto.
Estoy viviendo mi vida sintiéndola tan mía como nunca, y mi camino no tiene por qué ser imitado.
La voz que escucho es la del Grande, del que estuvo antes de todos: ÉL, dueño de la vida, y mi refugio seguro.
Esa niña que llegaba emocionada a casa después de clase porque ya sabía escribir, hoy se siente orgullosa de cada página que he llenado. A ella le apasionan las letras. La adolescente ahora vive en paz y sin conflicto en mí. A ambas las he cuidado bien, y hoy habitan en mí en armonía.
Mi yo me susurró:
"Reina, feliz cumpleaños. No me equivoqué contigo. Me encanta verte crecer. Confía en mis promesas. Sigue disfrutando la vida. Asegúrate de escucharme siempre y los pensamientos adversos desaparecerán. Vive sabiendo que has alcanzado el anhelo más grande y el primero en la lista: amarte y aceptarte. Lo demás llegará como las bendiciones que ya has recibido”.
Así pongo fin a este tributo, a mí.
21/03/2026
Mi yo me habla