TU CERCANÍA ME CALMA
Se siente diferente al pasado; en otra época, el pulso acelerado era mi única demostración de afecto. En cambio, ahora tú me das calma.
La mente divaga buscando un rumbo, pero lo cierto es que no existe un camino abierto que me lleve a ti.
Ayer nos unió la espontaneidad. Claro que quería verte, te extrañaba; pero ahora, ¿qué hago con la cercanía que viví?
Miré tu rostro tan de cerca. Sentí tu piel en mis brazos y en mis manos. Qué agradable fue apreciarte así. Te observé detenidamente y el miedo, junto con la duda, perdió fuerza, porque puedo verme en ti.
Me da temor decir tu nombre en voz alta. Este sentimiento, tan mío, no lo he compartido con nadie. Procuro que siga siendo así porque, en realidad, nunca hemos coincidido en el mismo afecto.
Pero ayer lo vi. Extendí la mano y lo miré como solo se mira aquello que cautiva. Sentí que también me mirabas de la misma manera. Sin embargo, esperar una respuesta me desgasta; es un camino que no quiero recorrer, porque quizá de ti nunca nazca nada. Quizá solo fui yo anhelando encontrar algo que no existe.
Y repito: esto también pasará. Me lo digo una y otra vez porque sé que así debe ser.
Aun así, agradezco haberte conocido. Me devolviste la ilusión por el amor y me permitiste experimentar de nuevo un sentimiento que llevaba años sin percibir.
Al final, mi yo extendió su mano, la sostuvo con fuerza, abrazó el amor que habita en ella y entonces llegó la calma que tanto buscó.
Viernes, 29/05/2026
11:24 PM
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