¿Cuántas veces te has sentido abatida? ¿Cuántas veces has deseado no existir? ¿Cuántas veces has llorado, sintiéndote vacía, pensando que lo que haces es insignificante?
El amor de alguien se agotó. Descubriste que no eres la primera en el corazón de esa persona que te era especial.
Pero mírate: si ahora puedes levantarte, caminar, correr, subir y bajar gradas; si respiras por ti misma y no dependes de una máquina para seguir viva, entonces eres un ser extremadamente bendecido, dotado de privilegio y abundancia.
Visto así, no hay mucho que desear ni que envidiar.
“Si vas más allá de lo que describo, eres un ángel.” Alguien que pertenece a otra dimensión, pero ha decidido estar aquí. No es que te falte algo: es lo que eres, Dios dejándose ver en todo su esplendor.
Te distrajiste viendo al otro. No está mal, pero la palabra es exacta: es “otro”, no tiene que ver contigo.
Que tu vida sea una estancia hermosa y completa. Que tengas suficiente encanto y admiración al verte en un espejo; que olvides rápido y que perdones. Que aceptes que el otro puede valorarte y amarte hasta donde él puede, no hasta donde tú quieras.
No olvides que el amor y la gracia de vivir hay que verlos desde nuestro propio sitio, desde la comodidad del "yo". Se trata de habitarse con entusiasmo, inocencia y asombro; de aprovechar las oportunidades de mejora sin menospreciarse. No hay que herir al otro, y mucho menos a ti misma.
Amemos lo que somos y vivamos en armonía. Pero no callemos cuando el otro cruce el límite: habla siempre y escribe; sé consciente de que tu vida no se repite; ocurre una sola vez.
Y cuando llegue el ocaso —si tienes el privilegio de llegar hasta ahí—, te despedirás agradecida. Que la mudanza te encuentre en la cama, después de un sueño profundo, y que la luz que veas al despedirte de este mundo sea la de ÉL.
10/06/2026
6:06 PM
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