A VOZ BAJA
Te esperaba desde hace mucho tiempo, pero no me había dado cuenta de tu llegada.
Tu sonrisa, tu carisma y tu amabilidad fueron diciéndome a voz baja que eras tú.
Conocerte ha sido una bendición.
Aunque no te hayas quedado, aunque el tiempo contigo no fue suficiente para tener una de las muchas conversaciones que planeé. Pese a que no hayas coincidido con el mismo interés, como hubiese querido que lo hicieras.
Sé que el adiós ha llegado, que no existe más historia que esta; te conocí entre tanta gente, cuando menos lo esperé, y tenías que irte.
Mi admiración por ti sigue intacta; tus cualidades, el amor por tu carrera y ese espíritu de ser el “aprendiz de todo” es lo que hace que siga siendo fanática de ti.
Después de irte, tu nombre lo escucho más a menudo; está entre las personas que conozco, aparece en los libros que leo y en las letras que escribo.
Esa voz que al principio habló fuerte diciéndome que eras tú, ahora se ha callado.
Pues no estás aquí.
Y no me corresponde cuestionarle a la vida,
Te deseo felicidad, y siendo más avariciosa, deseo encontrarme de nuevo contigo, así como la primera vez.